LG anticipa un repunte relevante en la venta de televisores rumbo al Mundial 2026. Pero el dato interesante no es el crecimiento en sí, sino qué tipo de pantallas están impulsando esa demanda y qué nos dice eso sobre cómo vemos —y vivimos— el futbol.
El Mundial de Futbol siempre ha sido un acelerador silencioso del consumo tecnológico. No se trata solo de cambiar de televisión: se trata de cambiar la experiencia. Pantallas más grandes, mejor contraste, menos cables, más inmersión. Y en ese contexto, LG apuesta a que 2026 será algo más que un pico estacional.
El razonamiento es simple: Norteamérica será sede del torneo, México es parte del evento y el futbol, cuando se juega en casa, se vuelve un ritual colectivo. El televisor deja de ser un electrodoméstico y se convierte en infraestructura emocional.
Según estimaciones del mercado, el crecimiento no vendrá tanto por volumen como por valor. Es decir: menos interés en modelos básicos y mayor tracción en televisores premium, inalámbricos y de gran formato. El mensaje implícito es claro: el consumidor ya no quiere solo ver el partido, quiere sentirse dentro del estadio.
Esta tendencia no es exclusiva de LG, pero la compañía ha sido insistente en una narrativa: eliminar cables, adelgazar el diseño y delegar la conectividad a cajas externas es una forma de reconciliar tecnología con espacio doméstico. En otras palabras, hacer que una pantalla de gran tamaño no domine visualmente la habitación, pero sí la experiencia.
En eventos como el CES 2026, esta visión se refuerza: televisores que reconocen al usuario por voz, interfaces personalizadas y una integración cada vez más profunda con asistentes de IA. El futbol es el pretexto; la apuesta real es el hogar inteligente como centro de entretenimiento total.
La conversación alrededor de estas tendencias ya se mueve en espacios públicos y de industria:
LG Electronics compartiendo su visión de pantallas premium y consumo de entretenimiento.
El CES como termómetro global de hacia dónde va el hardware de consumo.
El Mundial dura un mes. El televisor, varios años. La verdadera pregunta no es si habrá más ventas en 2026, sino si el consumidor está dispuesto a pagar por experiencias que solo se justifican en eventos excepcionales.
LG parece apostar a que sí. Y quizá tenga razón: en un mundo saturado de pantallas pequeñas, el gran formato vuelve a ser un lujo aspiracional. El futbol solo lo hace evidente.
La pelota, como siempre, está del lado del consumidor.







