¿La inteligencia artificial se está convirtiendo en un nuevo Google… pero conversacional?
Anthropic promete que Claude seguirá siendo un espacio libre de anuncios, mientras OpenAI abre la puerta a la publicidad en ChatGPT.
No es un detalle técnico: es una decisión que redefine cómo se monetiza la atención en la era de la IA.
Durante años, la promesa implícita de los chatbots fue simple: preguntar, recibir respuestas y seguir pensando. Sin banners, sin “contenido patrocinado”, sin la sospecha de que alguien pagó para estar ahí. Esa ilusión empieza a romperse.
Anthropic lo dijo sin rodeos esta semana: Claude permanecerá sin publicidad. El argumento es casi ético. Las conversaciones con una IA —dicen— son profundamente personales, y mezclar anuncios en ese contexto sería no solo incómodo, sino potencialmente inapropiado. Pensar con interrupciones comerciales no es pensar: es consumir.
Del otro lado, OpenAI avanza en sentido contrario. ChatGPT comenzará a mostrar anuncios en ciertos planes gratuitos, en Estados Unidos y para mayores de edad. No en medio de la respuesta, aclaran, sino al final. Una diferencia técnica que no cambia lo esencial: la conversación se vuelve un inventario publicitario.
Aquí aparece el verdadero dilema. OpenAI no vende anuncios porque quiera parecerse a Google; lo hace porque escala como Google. Millones de usuarios, consultas diarias, costos computacionales brutales. La publicidad no es ideología: es supervivencia financiera. Mantener un modelo gratuito sin monetización directa ya no es viable.
Pero Anthropic apuesta a otra narrativa: menos usuarios, más suscripciones, más contratos empresariales. Un Claude que no compite por atención, sino por confianza. Un espacio para pensar, no para convertir.
El riesgo es evidente. Cuando un modelo depende de anunciantes, incluso con muros éticos y promesas de privacidad, la tentación existe: priorizar lo rentable sobre lo relevante. No hoy, quizá no mañana, pero eventualmente.
La pregunta de fondo no es técnica ni empresarial. Es cultural.
Si los chatbots se vuelven el nuevo punto de entrada al conocimiento —como antes lo fue el buscador—, ¿queremos que también hereden sus vicios?
Porque una IA que responde mientras vende no solo cambia su modelo de negocio. Cambia la forma en que confiamos en lo que leemos.
Y eso, en una era donde pensar ya es un acto escaso, no es un detalle menor.
La pregunta no es si veremos anuncios en los chatbots, sino qué tipo de relación queremos tener con ellos: ¿herramientas para pensar o plataformas diseñadas para vender?








